El mejor momento del día es cuando meces mi mirada en tus pestañas. Cuando acurrucas mi razón dormida en tus párpados helados por el frío de Enero. El momento en el que las palabras fluyen sin quererlo, silenciadas después por un beso. Ese momento, en el que caen las gotas sobre tu rostro, marcando con caminos de agua cada una de las sombras de mis besos.
Mis manos piden clemencia, mientras balanceas mis sentidos en tu euforia, y mis huesos tiritando frente a tu hoguera, encuentran el calor de un nuevo día.
Y me escondo en el recoveco de tu pecho, donde escucho el tic tac de tu reloj…
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